martes, 10 de mayo de 2016

Me la pela.

Hoy no voy a escribir sobre tu pecho
las palabras que salen del mío.
No voy a convencerte con mi labia
para luego dejarte ser de bronce.
No lloraré en tus lágrimas mi ausencia
ni enterraré bajo tu tesoro mis cenizas.

Hoy no voy a suplicarte un beso
ni voy a dar pie a tu conveniencia.
No voy a llorar sobre tu tristeza
sólo porque tú lo necesites.

Hoy no voy a compartir mi sonrisa contigo
ni mis elogios, ni mis letargos.
No voy a hacerte reír por más que lo pidas,
ni darte amor ocre en un lienzo pintarrajeado.

Hoy no tendré las ganas de decirte que no te quiero
ni fuerza para decirte que no te miento.
No veré la vida sabor limón
porque sólo sé poner cara amarga
cuando se acerca el beso.

Hoy no te diré misa porque tú eres credo
y yo ateo.

Hoy me iré a la colina
donde la neblina de lo más alto
me haga recordar que es de ahí
de donde no me importaría caer.

Hoy me la suda,
mañana quién sabe.

martes, 19 de abril de 2016

Qué miras.

(Vete.)

Me imagino sin ser yo,
rota en un desierto de flores.
No vengas a decirme si soy yo,
cuando nunca has venido a verme.
Apaga este infierno de caracoles
que se van cuando llega la lluvia.

(Vuelve.)

Me imagino siendo yo,
una niña con silencio en los labios cortados.
No vengas a preguntarme quién soy,
cuando nunca has navegado en mi tormenta.
Enciende los paraísos que quedaron sumergidos
por tus dudas de marea alta.

Vete por donde no has venido y,
por favor,
no vuelvas.

lunes, 4 de abril de 2016

Lo que somos.

Intentas ser libre en un mundo
en el que sólo con nacer te ponen un nombre,
con dos apellidos,
una familia,
una genética,
un hogar,
un físico,
un día de cumpleaños,
y una sentencia de muerte.

Después sigues intentando ser libre,
en una escuela,
con unos amigos,
con el mismo nombre,
los mismos apellidos,
la misma familia,
la misma genética,
el mismo hogar quizá,
el mismo día de cumpleaños
y la misma sentencia de muerte.

Los años pasan
y cuando llega el final,
no tienes el mismo nombre,
ni apellidos,
ni familia,
ni genética,
ni hogar,
ni día de cumpleaños
ni sentencia de muerte.

Eres tú,
nadie,
y por fin,
libre.

lunes, 14 de marzo de 2016

La tristeza tiene nombre de pasado.

Vivo en un charco de mierda
que espanta a los cerdos.
Todo lo que puedo hacer aquí
es revolcarme
y soñar que algún día
lloraré
y las lágrimas me limpiarán el alma.

Por suerte,
el que llora el último,
llora solo,
y no tiene por qué mostrar
su fortaleza.

Vivo en un charco de mierda
movediza,
pero aquí nadie te echa la cuerda
que siempre salva al protagonista.
Me he hundido tanto
que ya sólo sé caminar
en el infierno,
que el cielo me parece absurdo
y la tierra,
el lugar de los superfluo.

Por suerte,
el que ríe último
tiene la posibilidad de decidir
no hacerlo.

Vivo en un charco de mierda seca
donde soy yo la que apesto,
donde me he construído unas paredes
a las que a veces doy puñetazos,
fracturándome la esperanza.
Me he roto en tantos pedazos,
que se me han perdido.
Soy el fuego que ha hecho arder el charco
y se ha convertido en cenizas de mierda.
Una leyenda, que ahora pulula por el aire
por si encuentra un lugar donde caerse muerta.

Por desgracia,
el que no sabe reír solo,
tampoco sabe llorar acompañado.

Vivo en un charco de mierda
y me estoy apuntando con un arma
desde fuera.

lunes, 7 de marzo de 2016

Llueve dentro.

Qué puedes contarme de la lluvia,
tú que paseas descalza sobre piedras de gelatina,
tú que has mirado a la muerte de frente
y te has reflejado en sus ojos,
tú que aprendes a sobrevivir cuando todas las cartas están echadas,
tú que has sido más tiempo poeta que valiente,
dime:
¿qué opinas de ver el agua surcar la tierra y llenarla de flores?

Me duele ver caer las gotas por la ventana,
desprecian que se dirigen a su fin.

(Quizá es eso,
vivir despacio
y morir rápido.
Que nos dé tiempo
a tejer un camino.)

Una gota se desliza,
otra borra su huella.
Y todas se unen allí,
donde el sonido del mar se hace intangible,
donde la muerte grita demasiado fuerte.

domingo, 14 de febrero de 2016

V

                                                               -                          -
                                                                 .                       .
                                                                  .                     .
                                                                   .                   .
                                                                    .                 .
                                                                     .               .
                                                                      .             .
                                                                       .           .
                                                                        .         .
                                                                         .       .
                                                                          .     .
                                                                           .   .
                                                                            . .
                                                                             .
                                                               
                                                                   Hemos ganado.

Hemos ganado
porque ya no importa.
No nos interesa el dolor ajeno,
nos importa una puta mierda
quién sea millonario
y quién refugiado,
quién empleado
y quién desahuciado.

No nos interesa
quién ha perdido a sus hijos en la guerra,
quién ha ganado un arma que nunca ha querido usar,
quién ha usado la religión para matar a otros,
quién ha dejado morir sus ideales para sobrevivir.

Hemos ganado
porque no nos duele.
No nos desgarra el alma la corrupción,
ni el número de personas en paro,
ni la cantidad de mujeres ASESINADAS por sus maridos,
ni el descaro de la monarquía,
ni el maltrato animal.

No nos duelen
los casos de desnutrición de los países pobres,
los pueblos arrasados por huracanes, tsunamis o terremotos,
los inocentes que mueren en la guerra de los que se creen, por pelear,
más valientes,
los que no tuvieron culpa de las bombas de Nagasaki e Hiroshima
pero aún pagan las consecuencias,
las vidas perdidas porque no hay ayudas para investigar en sanidad.

Hemos ganado
porque vemos lógico que de diez noticias,
once sean malas.
Vemos lógico
los precios de los supermercados,
que manipulen nuestra comida y aumenten la incidencia de cáncer,
que una chica tenga más posibilidad de entrar en una discoteca
cuanta menos ropa lleve,
que tu abuelo le pegase a tu abuela,
que tu padre le pegue a tu madre,
que tú te suicides.

Vemos lógica
la falta de educación hacia quién intenta dártela,
la falta de comunicación en las familias,
la falta de gratitud, de tolerancia, de respeto.

Hemos ganado
porque nos parece justo
que un futbolista gane más que un médico,
que la vida sea un programa de televisión
en el que se censura lo que no les interesa,
que no podamos soñar
porque siempre están pisándonos la ilusión.

Nos parece justo
que un pobre robe para sus hijos y vaya a la cárcel,
que un político robe a su pueblo y no sea condenado,
que un bebé nazca llorando, crezca llorando y muera llorando,
porque no tenía medios para vivir.

Quizás,
no hemos ganado.


lunes, 8 de febrero de 2016

El final.

Vuelves a florecer
porque lo único
que nos separa de la muerte,
es la vida.

Porque morir NO duele.

Lo que incendia la piel
son las ausencias.
No volver a reír,
no sentir jamás un abrazo,
no volver a ver a ningún familiar
ni oler tu plato favorito.

Lo que cala los huesos
es saber que es un adiós
del que no te podrás arrepentir mañana.

Porque morir LES duele.

A ellos,
a los de siempre.

Lo que les incendia la piel,
es tu ausencia.
No volver a verte reír,
no sentirte de nuevo en un abrazo,
no volver a verte en una comida familiar
ni hacerte tu plato favorito.

Lo que les cala los huesos
es saber que es un adiós,
del que se arrepentirán el resto de su vida.

Porque morir NO es lo que da miedo,
sino saber que NUNCA volverás
a sentirte vivo.