que los recuerdos no son más que cicatrices abiertas,
que un paseo evoca nostalgia pese a los ojos cerrados.
Ahora que lo invisible se hace tangible ante mis manos fracturadas,
que todo escuece como salpimentado por mugre y dolor,
Ahora que la prisa se ha desvanecido en el aire,
que la esperanza es color blanco roto carmesí,
que ya no espero nada de quien promete arena, y sal, y limón.
Ahora que nadie puede verme porque me oculto en mis fracasos,
que todos me han dado la espalda porque es más fácil de mirar.
Ahora que no soy nadie en mi ciudad,
el veneno será más dulce al paladar.